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La vida de todas las personas, aun la de aquellas que no están conscientes de ello, está enmarcada por expresiones culturales; algunas colectivas y otras muy personales, pero todas importantes. La mayoría no se detiene a pensar sobre la importancia de las artes en sus vidas, pero denos tres minutos y se lo vamos a mostrar. Pensemos un mundo sin expresiones artísticas.

Primero, eliminemos el teatro. Quitemos de nuestra vida todas las obras dramáticas que hayamos visto, los títeres, los magos, los comediantes; también actividades más cotidianas como las pastorelas.

Ahora, quitemos la danza. Eliminemos todos los bailes a los que hayamos asistido o en los que hemos participado, los actos escolares, nuestro primer baile con algún novio o novia, la discoteca, nuestro baile de graduación, nuestro primer baile como esposa o esposo, todas las fiestas bailables; también eliminemos todas esas ocasiones en que utilizamos algún bailecito para expresar nuestra emoción porque nuestro equipo metió un gol, porque nos dieron permiso de ir a la fiesta, porque nos encantó la comida que probamos, por (incluyamos las demás razones que nos impulsaron a bailar de la emoción).

Podemos seguir con las artes visuales. Quitemos los altares, pinturas e imágenes del interior de los templos religiosos, las pinturas que adornan nuestro hogar o nuestro lugar de trabajo, los “nacimientos”, las fotografías, los monumentos, los juguetes tradicionales…

Luego podemos borrar la cinematografía. Eliminemos todas las películas que hemos visto, todos los documentales y, en especial, todo lo que hemos aprendido, sentido y vivido a través de ellas. Las lágrimas (de tristeza y risa), el suspenso, el miedo, la alegría; las vidas de hombres y mujeres, reales o ficticios, que nos han inspirado; puntos de vista diferentes al nuestro; experiencias compartidas.

Ahora imaginémonos nuestra vida sin literatura. Olvidémonos de los cuentos, las fábulas, los chistes, las historias, las novelas, los personajes.

Sigamos con la música. ¿Cómo sería nuestra vida sin música? Las fiestas y desfiles, el camino hacia el trabajo o la universidad, nuestras ceremonias religiosas, nuestras ceremonias civiles y cívicas, los eventos deportivos, sin himno nacional, sin conciertos… ¿Cómo sobreviviríamos nuestros años adolescentes sin música?

Ahora quitemos la arquitectura. Nuestra casa, nuestra oficina, nuestra escuela, nuestra universidad, nuestro templo. Ahora los de todos los demás.

Y finalmente, quitemos las obras del diseño. ¿Ya se dio cuenta para dónde vamos? La silla donde estamos sentados o sentadas, la mesa que tenemos en frente, la computadora a través de la cual estamos leyendo esto, este portal, el celular, las lámparas, la televisión, la cafetera, los platos y los cubiertos, los vehículos, el logo de nuestra empresa, las estampas religiosas, los pósters de nuestros ídolos, la bandera y el escudo nacional, los símbolos de nuestro equipo deportivo, todo, TODO lo que queda, incluyendo su ropa.

Ya no queda nada.

Aunque podríamos pensar por un momento que un mundo sin nada sería no solo cómico (imaginándonos “chulones” deambulando como cavernícolas) sino deseable, en el mejor de los casos una vida sin expresiones artísticas sería aburrida y difícil y, en el peor de ellos, sería una existencia más allá de lo simplemente depresivo.

Ninguna persona (o muy, muy poquitas) puede permanecer sin intentar resolver algún problema práctico –¿cómo hago lisa la piedra para que me pueda sentar más cómodo?, ¿cómo hago para que no se me escape la cabra?, ¿cómo hago para que no me dé frío?–; sin cuestionarse algo –¿existe un Ser superior?, ¿porqué estoy aquí?, ¿porqué me pega?–; o sin buscar y encontrar la forma de registrar lo que siente, piensa y ve. Eventualmente, todos buscamos la forma de hacernos permanentes y todo esto se hace a través de las artes.

Bienvenido a AccesArte.